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[vixx] Algo parecido a la magia (suri, suri)

Título: Algo parecido a la magia (suri, suri)
Pareja: Ken/Hongbin (y quizás que alguna más~)
Género: AU
Rating: PG
Número de palabras: 4.200+
Resumen: No es que Jaehwan sea un mal ilusionista, es que sus trucos funcionan.
Notas: Regalo de cumpleaños para mi preciosa Queen E♥.  Lamento mucho el retraso y esto es poco a lo que mereces, pero ¡espero que igual te guste! Te quiero♥


“Lo que importa es el momento de pánico y no su explicación”
René Magritte

Por supuesto, la situación no inicia cuando Jaehwan se le acerca con una sonrisa afectada, mezcla de alegría y nerviosismo, y le susurra un «puede que tengamos un problema». Inicia mucho, muchísimo antes, en alguna fecha que Hongbin no puede precisar, y ha ido escalando con los años y años de práctica. Pero a Jaehwan le gusta parafrasear a algún artista surrealista como si supiera de lo que habla, porque «¿quién sabe si esta realidad es cierta? ¿Y si en otra realidad soy un idol? ¿Quién asegura que esta realidad es real? ¿Y si sólo somos una ilusión concertada por el subconsciente de alguien demasiado aburrido?» hasta que Hongbin le pide entre risas y vergüenza que se detenga.

El ilusionismo y el surrealismo no son lo mismo.

Su amigo suele encogerse de hombros; «pero ambos pierden su emoción cuando tienes que explicarlos.»

Él difiere. Jaehwan disfruta de crear tensión, de envolver todo en un aura de misterio que a Hongbin le entretiene descifrar. Porque lo cierto es que, con Jaehwan, rara vez las emociones se vuelven blandas y aburridas.

—Mi truco ha funcionado —anuncia, alegría bullendo en su mirada a partes iguales que desesperación.

A él no le lleva mucho tiempo descubrir el significado.  Oh.


*


El truco que ha funcionado, y demasiado bien para su gusto, concierne a un hombre de metro ochenta y dos, gateando hacia un plato de leche en el piso de su departamento.

—Sé que alguien ya dijo de llamarle Leo, pero ¿Michifús no es más adorable? —comenta Sanghyuk y evade con profesionalidad el golpe que Hongbin le dirige hacia la cabeza.

—Esto es serio, Sanghyuk.

—Yo también. Tienen que tener un plan B si no pueden traer pronto a Taekgoyang-hyung de nuevo a consciencia —señala el muchacho mientras hace aparecer un piolín, seguramente escondido entre sus anillos, y lo mueve sugestivamente delante del hombre que se está lamiendo las comisuras de los labios.

Hongbin se muerde la lengua. El muchacho tiene un punto.


*


Desde que lo conoce, Jaehwan ha hecho trucos de prestidigitación. Como todos, empezó con monedas y naipes.  A veces se le caían, otros se destruían y no podían recomponerse. Fue practicando y mejorando hasta hacerse un hueco en la escena del ilusionismo callejero con sus actos de magia cómica. La comicidad es innata en él, no así su talento. Su talento fue construido con persistencia y entusiasmo, el mismo que atrajo a Hongbin a ese mundo. El mismo que lo llevaba a experimentar con las distintas ramas del ilusionismo.

Tuvo una breve incursión en la magia con animales de la que se alejó espantado, abrazando a su pobre conejito Kong, y trastabilló con el mentalismo hasta que logró hallarle la vuelta para incorporarlo a su acto.

Y últimamente venía de maravillas, con actuaciones callejeras multitudinarias en el centro de Myeongdong y pequeñas salas de teatros que se colmaban de risas en la periferia de Itaewon.

Hasta que en su cumpleaños Hakyeon le regaló un reloj. Uno ligeramente similar al del anime sobre alquimistas que Jaehwan y Sanghyuk habían seguido religiosamente, aunque con un diseño más steampunk.

Entonces Jaehwan decidió que debía intentar algo nuevo. Si solo hubiese sido alquimia.


*


—¿Qué sucedió? —pregunta Hakyeon con el ceño fruncido. Una cadena con un candado enorme cuelga de su cuello y se salpica con la leche que vierte en un cuenco. Con suerte, el aroma será lo suficientemente atractivo que logrará bajar a Taekwoon del tanque de agua, desde donde los mira arrebujado, con ojos que parecen cargados de desconfianza.

Jaehwan vacila y se sienta cuidadosamente en uno de los tantos cofres que hay por el departamento. Hakyeon es un escapista profesional que se está haciendo más y más conocido después de sus breves apariciones en programas de variedades. Aun así, su departamento sigue funcionando como taller y, por lo tanto, puede significar una trampa mortal para el desprevenido.

—Entré en pánico, ¿okey? —suspira, derrotado—. Intenté hipnotizarlo de la misma manera que probé con Binnie y creí que tampoco funcionaría, pero… Para ser tan tranquilo, Taekwoon es intenso. Así que entré en pánico y, ya saben, cuando paniqueo, hablo.

Hongbin contiene la respiración por un segundo. Jaehwan había seguido el mismo procedimiento, las mismas palabras, que había experimentado con él. Un ramalazo de escozor y celos lo azota, pero intenta hacerle caso omiso. Bien puede significar nada. Jaehwan muchas veces habla sin significado atrás. Por eso es que aclara:

—Dijiste cosas sin pensar.

Su amigo asiente con pesar.

—Y ahora no puedo hacer que me escuche cuando quiero traerlo de nuevo a consciencia —dice, derrotado, y esconde su rostro tras sus manos. Le da pena verlo así y Hongbin no puede evitar que sus propias manos vuelen hacia los hombros de Jaehwan, en unos masajes reconfortantes que le sacan una media sonrisa—. La concentración de Taekwoon es monstruosa… —añade, entre impresionado y exasperado.

—¿Cómo creen que tolera a Hakyeon-hyung? —comenta Sanghyuk burlón, seguido de una exclamación de dolor cuando no logra evadir el golpe en el cuello que recibe en represalia.

—¿Y tú no puedes ayudarlo? —cuestiona Hakyeon mientras lo agarra con fuerza del hombro.

Sanghyuk frunce el ceño e intenta salirse sin éxito del agarre.

—Soy un ingeniero. Yo creo trucos, diseño ilusiones que maravillarán al público… si el ilusionista está a la altura de mis creaciones, claro está. Esta clase de hipnotismo no es una ilusión… no sé, ¿no los has sacudido o algo?

Jaehwan lo mira horrorizado. Se apresura a explicar que no se puede ser brusco al sacar a alguien de su estado de relajación, si bien Sanghyuk parece no prestarle mucha atención. Asiente de manera distraída con la cabeza y se acerca al tanque de agua. Hongbin pensó que se estiraría para obligar a Taekwoon a que baje, por lo que se sorprende cuando sólo quita un seguro y la compuerta superior del tanque se abre.

Taekwoon cae al agua. Inmediatamente empieza a gruñir y se desespera por escaparse, por clavar las garras que no tiene en el vidrio y escalar. Los ruidos que emite, la manera en que se mueve y las actitudes que tiene… Realmente es un gato.

Hakyeon se apresura y quita los seguros del costado, de manera que el agua fluye en borbotones hacia el piso. Taekwoon respira aliviado, mas, en cuanto el otro muchacho hace un paso en su dirección, huye despavorido hacia la habitación.

Quien gruñe ahora es Hakyeon al observar el estado de su sala. Le ordena a Sanghyuk que busque algún trapo para secar mientras él rearma el tanque. Hongbin encuentra divertido que el ingeniero farfulle y amenace con el día que diseñe el truco definitivo que deje a Hakyeon encerrado por la eternidad, mas siempre corrobore tres veces que los seguros funcionen.

—Bien, ¿y qué podemos hacer? —pregunta Hakyeon.

—Por lo pronto, necesitamos que lo cuides —contesta Hongbin.

El otro alza una ceja, como si cuestionara el porqué.

—Nuestro casero no permite mascotas —dice Jaehwan.

—Ya lo sé; por eso les cuido a Kong. Pero Taek…

—Tú le has regalado el reloj —le interrumpe Hongbin, con voz plana. No lo culpa directamente de nada, se dice, pero quizás no estarían en este lío si no hubiesen visto tantos vídeos viejos de magos que hipnotizaban con instrumentos similares. Si Hakyeon no hubiese mencionado algo entre las líneas de que en la ilusión, la impresión visual siempre tiene la supremacía. Como si Jaehwan no utilizara ya trajes elaborados que lo hacían ver como una mezcla de príncipe de Disney y Sombrerero Loco.

Hakyeon frunce el ceño, listo para argumentar. Jaehwan, por su parte, se muerde el labio y parpadea, listo para rogar.

—¡Intenta escapar de esta, hyung! —grita Sanghyuk desde la cocina, seguido por una carcajada burlona.


*


En realidad, Hongbin y Jaehwan se conocen desde pequeños. Eran de la clase de vecinos que sabían de la existencia del otro porque se topaban en el mercado cada tanto y porque alguien debía vivir en el edificio de la otra manzana. No fue hasta un verano alrededor de sus quince años que el muchacho de las orejas puntiagudas y los labios llenos de la otra cuadra lo llamó a  los gritos para que le ayudara. Resultó ser que necesitaba de alguien desconocido que corroborara que no escondía nada frente a dos señoras que se veían muy participativas, pero poco impresionadas.

Hongbin alcanzó a vislumbrar la moneda escondida sigilosamente entre sus dedos, pero jamás se lo mencionó.

—¿Sabes? Un asistente no me vendría nada mal —le dijo Jaehwan tras regocijarse en los aplausos de las dos señoras.

—Paso.

Sin embargo, al día siguiente regresó a la puerta del edificio de la otra manzana, donde el muchacho jugaba con un pañuelo frente a quien debía ser su hermano. Curiosidad picándole en la punta de los dedos y cierta vergüenza tirándole hacia atrás, agradeció cuando el muchacho exclamó en su dirección.

—Has vuelto —dijo con una sonrisa enorme, que creaba pequeñas marcas al borde de sus ojos grandes. Estiró el pañuelo un par de veces, lo arrebujó en su mano y le pidió que soplara. Al quitar con un suave desliz el pañuelo, reveló una flor—. Al Gran Jaehwan en serio le vendría bien un asistente tan bonito como tú.

Sorprendido, permitió que le colocara la flor en su oreja. Tocó los pétalos húmedos, recién arrancados de alguna planta y se maravilló con las emociones
que lo invadieron.

Entonces estiró la mano y agarró la de Jaehwan.

—Enséñame —le pidió.

Hacia el final del verano, Hongbin empezó a refinar sus habilidades en el pickpocketing y a entender que, así como no se podía separar el ilusionismo de
la práctica, él no podía separarse de Jaehwan. Había algo más que la curiosidad que lo impulsaba a juntarse con él, algo de lo que el ilusionismo carecía y no podía descifrar.

También fue hacia el final del verano que Jaehwan lo empujó hacia la piscina y luego saltó a rescatarlo. La ropa de ambos acabó empapada, pero el cabello de su amigo estaba intacto.

—¿Quieres saber el secreto? —le preguntó al oído y ocultó sus cabezas bajo una toalla, como si quisiera crear una barrera entre ellos y el mundo—. El verdadero ilusionismo no se trata de lo que ves, sino de lo que no ves.

Hongbin frunció la nariz. Jaehwan admitió que un poco de gel impermeable ayudaba.


*


—¿Crees que si hubiese sido un idol todo sería más fácil? —se asoma la voz de su amigo por el quicio de la cocina, pequeña y distante. Poco tiene que ver con el calor infernal que hace al lado de la hornalla.

Vivir con Jaehwan no sólo significa buen humor y trucos de magia, también sobrevivir a ramyeon instantáneo y delivery todo el año. No lo cambiaría por nada del mundo, ni siquiera por un espectáculo propio en el Teatro Myeongdong Nanta o un sabor diferente de caldo.

—También estarías horas y horas practicando para unos pocos minutos de asombro.

—Pero al menos tendría legiones y legiones de fans que me adorarían y pensarían que no puedo dar ni un mal paso —señala y aligera su tono, como si le quisiera imprimir un humor que no posee—. O fallar una nota. Seguro sería el vocalista principal, demasiado adorable para que no caigan en mi encanto, buing, buing~

—Bien, ¿qué pasa? —pregunta, si bien ya tiene idea de la respuesta.

Se aleja del fuego, mas el sonido del agua bullendo es más notorio que la voz de su amigo.

—Ya van dos días y Taek sigue siendo un gato. Tengo veinte kakaos de Hakyeon y Sanghyuk que amenazan con cobrarme la crema para arañazos y toda la leche que han gastado, no tengo ni puta idea de cómo hacerlo si no puedo acercarme ni dos pasos y no hay nada que pueda añadir a mi show. Qué si soy malo…

—Espera, espera, basta. ¿Quieres saber un secreto? —pregunta y no espera a que Jaehwan asienta para acercársele y colocar un repasador sobre sus cabezas—. Confío en que lo harás. Eres el Gran Jaehwan, después de todo.

Jaehwan se queda estático por unos segundos, mirándolo con ojos grandes como los de un cachorro. Entonces su expresión se quiebra en algo que está entre una sonrisa, un puchero y una mueca.

—¿Ese era el secreto?

—Nunca dije que fuera a cambiar tu vida —responde con una sonrisa grande—. Y quizás sí salga algo bueno de todo esto: Sanghyuk aprenderá a tener algo de respeto.

—¿Lo crees? ¿En serio? —cuestiona Jaehwan. Y, si es sincero, no, no lo hace—. Taekwoon abrazó su verdadera naturaleza.
Hongbin asiente varias veces, dándole la razón.

—Por cierto, vivirías a dieta —acota en cuanto Jaehwan se lanza a comer directamente de la cacerola, apenas y soplando los fideos antes de engullirlos.

Touché —admite mientras se abanica los labios. Sigue comiendo de cualquier manera—. Además, para ser idol seguramente necesitaría una cara como la tuya.

—¿Y eso qué significa?

—Dímelo tú, señor «le robo la cartera y me ofrece un puesto en la SM» —lo pica y lo señala con los palitos de acero.

—Lo que vale es el talento —se apresura a contradecir. Siente calor en sus mejillas al recordarlo—. Y tu cara está más que bien.

—Aww, Binnie. Por un momento te has visto igual de adorable que conejito Kongie.


*


No es que Jaehwan sea una mal ilusionista, es que sus trucos funcionan. Necesita pulirlos, refinar el procedimiento y cuidar cada aspecto. Además de calmarse. En serio, a veces Hongbin decide prepararle un té de tilo antes de hacerle ver que sólo necesita repasar los pasos otra vez, de manera metódica y sin saltearlos.

El hipnotismo no es una ilusión, sin embargo. Si bien hay un truco y un efecto esperado, también necesita a un tercero que participe de manera activa. Que se relaje y se concentre, que se preste para ser utilizado y volverse el truco de magia.

 «Suri, suri», murmuró Jaehwan con una sonrisa antes de presentarle frente a los ojos el reloj.

Hongbin inspiró profundo y asintió. Él siempre era el primer intento, el sujeto experimental y quien conocía a la perfección las sonrisas de victoria y los labios mordidos con frustración.

—Escucha mi voz, sólo el sonido de mi voz, y sigue el movimiento del reloj —inició.  El tono sereno, bajo y suave se filtraba hacia sus oídos como un encantamiento. Seductor. Tan seductor que disparó todas las alarmas en la cabeza de Hongbin—. Déjate llevar por el son de mis palabras y relaja tus músculos. Descenderemos juntos por una escalera y a cada paso, a cada número, te sentirás más y más tranquilo. Uno…

Continuó observando el suave balanceo de la cadena con el reloj brillante, rogando porque en la calma de la habitación no se notara el golpeteo de su corazón, acelerándose más y más.

—Dos… tres… —siguió Jaehwan, voz deliberadamente baja que actuaba como la ignición de algo chispeante, que cosquilleaba y quemaba por todo su cuerpo—. Cuando llegue a cinco, harás algo por mí. Cuatro… Aceptarás todas mis sugerencias…
Hongbin estaba expectante, intentando calmar su cuerpo y su mente en vano. Expiró con suavidad cuando Jaehwan alcanzó el último número.

—Dime que me amas.

Su corazón latía con una fuerza extenuante y no logró evitar que sus ojos se abrieran de sobre manera. Podría… él podría hacerlo. Obligar a sus cuerdas vocales a producir sonido, a conjurar una confesión.

A hacer que las chispas no lo incineraran sólo a él.

—Suri, suri —contestó en cambio. El quejido de Jaehwan fue tan infantil como adorable, no así el pequeño golpe que le dio y el «mal amigo» farfullado.

A veces no se trata de que si se pierde el secreto, se pierde la emoción. A veces, si se pierde el secreto, las emociones pueden ser demasiadas. Y estas le aterran un poco.



*


Sanghyuk le envía por KakaoTalk una foto borrosa y un breve mensaje para que se apuren, que al fin han conseguido domar a la bestia. Se contiene de resoplar ante la elección de palabras porque no está segura de cuán veraces son. Conociéndole, podría haber encerrado a Taekwoon en una de las tantas camisas de fuerza de Hakyeon. Pero Jaehwan tiene un voto de fe en sus amigos.

Le sorprende no sólo encontrar a Taekwoon haciendo lo imposible para caber en el regazo de Hakyeon, ronroneando cada vez que le acarician detrás de las orejas y con un cascabel alrededor del cuello, también ver a Wonsik parado a un lado. Parece incapaz de contener la risa a pesar de que se muerde el puño.

—Vine a renegociar el contrato de Hakyeon. Una sala más grande —explica entre pequeñas carcajadas graves—. Y me encontré con esto. ¿Fuiste tú? —le pregunta a Hongbin mientras saca sin ninguna discreción el celular y empieza a filmar la manera en que Taekwoon se despereza y se estira cuando Hakyeon rasca desde su cuello hasta su barriga—. Adorable.

No alcanza a negarse que Jaehwan alza la mano y admite mea culpa. Wonsik frunce el ceño por un momento, lo cual confunde a Hongbin. Aun así repite otro «adorable» antes de que Jaehwan se siente en el suelo, acomodándose frente a Taekwoon. Éste inmediatamente se pone en estado de alerta y sisea, clavando sus dedos como garras en las piernas de Hakyeon. Unas cuantas caricias después, empieza a relajarse, pero sin dejar de observarles con recelo.

Jaehwan les pide que se alejen para evitar el mayor ruido posible, para evitar distracciones, así que Hakyeon los obliga a encerrarse fuera, en el minúsculo balcón o en el pasillo. Como no quieren perderse nada en lo posible, los tres hombres se paran detrás del vidrio con algo de incomodidad. Apenas puede oír a Jaehwan hablar con un tono bajo y controlado, cautivante; «Taekwoon. Taekwoon. Escúchame, sigue el sonido de mi voz. Sigue el sonido de mi voz escaleras arriba, Taekwoon. Voy a contar y…»

—¿Sabes por qué Hakyeon y Jaehwan tienen shows en mi teatro? —le pregunta Wonsik en un susurro, sin dejar de filmar la situación tras el vidrio. Hongbin no le señala que, en realidad, no es su teatro, que lo que Wonsik posee es una productora de espectáculos, pero se conocen hace tantos años y últimamente sólo hay producciones suyas en ese teatro que el comentario sería veneno innecesario. Además, tampoco le sorprendería que Wonsik haya adquirido parte del sitio.

—¿Porque son buenos? —apunta con una ceja alzada y demasiada obviedad.

—Tú también. Has mejorado muchísimo, Bin —le contesta. Y, wow, se siente halagado y quiere agradecerle o negarse, mas Wonsik continúa—: pero tienes miedo. Tienes miedo de aburrir, de no ser suficiente o algo de eso, y por lo tanto no experimentas. Te quedas en los trucos básicos y conocidos, los que estás seguro que van a funcionar.

Hongbin se muerde el labio, intentando no pensar en el ramalazo de dolor.

—Gracias por la sesión de terapia —comenta con acidez y una mueca.

—No, no es eso. Lo siento, Bin, yo… Mira, estaba tan contento porque pensé que tú eras el que hizo todo este lío, ya que grandulón aquí sólo te mandaba kakaos a ti, y que al fin podría ofrecerte alguna función propia… Pero lo siento. No puedo, no si dejas que tus propios pensamientos te detengan.

Lo contempla por un segundo, no muy seguro de si le entiende o de cuán ofendido debería mostrarse.

—El ilusionista siempre conoce el efecto de antemano —dice una tercera voz. Hongbin se sorprende; es imposible no sentir a Sanghyuk a su lado con el cuerpo monstruoso que posee en el pequeño balcón, pero creyó que estaba distraído, pendiente de la forma en que Taekwoon se aferraba a las piernas de Hakyeon—. Siempre sabe el cómo y el porqué, no la reacción del público. A veces el efecto del truco es una hazaña increíble, por eso se puede calcular; a veces no. Y ello depende de la actitud del ilusionista. Puede ser un terco optimista vanidoso —murmura en dirección a Hakyeon, que continúa acariciando detrás de las orejas de Taekwoon— o sólo un arriesgado. ¿Por qué crees, sino, que Jaehwan hace actos de magia cómica? Ser un ilusionista desastroso es parte de su show. Y si el efecto no funciona o la reacción no es la deseada, puede salvarse con su humor.

No llega  a contestarle. No llega siquiera a salir de su breve estupefacción para pegarle y defender a su amigo, que oye un chillido agudo de felicidad y la puerta del balcón se abre.

Jaehwan salta, blandiendo sus brazos en victoria. Sacude a Taekwoon y se cuelga de los hombros de Sanghyuk y Wonsik, quienes son los que más rápido entran.

—Ruidoso —bufa Taekwoon y deja caer la cabeza sobre el regazo de Hakyeon, rendido. El cascabel tintinea contra su mentón y abre los ojos de repente, absorbiendo la situación. Se levanta de inmediato y empuja a Hakyeon hacia atrás en el acto—. ¿Qué ha sucedido? ¿Qué me has hecho? —gruñe y, de alguna forma, se oye amenazante a pesar de su voz suave.

Hakyeon se queja, indignado, así que Wonsik se acerca a ayudarle mientras Sanghyuk se dobla de la risa. Jaehwan se apresura a esconderse detrás de Hongbin. Le ruega que lo defienda en un tono jocoso, que lo esconda como a una moneda. Respira en su nuca y lo envuelve en un calorcillo placentero, que se le cuela en el pecho.

El verdadero truco recae en ocultar lo valioso para el final, para cerrar el acto con un golpe de gracia; piensa. Las palabras de Wonsik y Sanghyuk tintinean en su oído, sin embargo, al ritmo del cascabel de Taekwoon.


*


Jaehwan se tambalea como si estuviera borracho, si bien no lo está. Sólo ha bebido una cerveza y ambos saben que su límite no es tan bajo. Se deja caer contra su brazo y ríe y ríe, entre extasiado y relajado. Su aliento quema en su hombro y los borbotones de risas se deslizan de forma agradable en su oído hasta volverse contagioso.

La cama se hunde con el peso de ambos y la televisión está prendida como la única luz de la habitación.

—¿Quieres saber un secreto? —susurra Jaehwan en cuanto se calma y bambolea la lata vacía de cerveza de arroz. Juega con la paciencia de Hongbin, que cree que va a enloquecer si la gota al filo de la lata cae sobre su cama—. Estaba asustado. Como muy asustado. El pánico y la presión me agobiaban y…

—Así no se dice un secreto —le interrumpe Hongbin a la vez que le quita de la mano la cerveza y la deja a un lado.

El otro muchacho asiente con lentitud y levemente pasmado. Entonces empieza a brincar de modo que el colchón se mueve con fuerza por acción de los resortes y Hongbin se ve envuelto en un sube y baja que le arranca carcajadas. Hasta que, de pronto, Hongbin sólo se halla envuelto en la mirada de Jaehwan. Su amigo se apoya en su pecho para estabilizarse y oculta sus cabezas bajo una frazada.

—Gracias por confiar en mí. Por creer en el Gran Jaehwan e interesarte por lo que hago aun cuando viste claramente la moneda —susurra—. Después del fiasco que fue hipnotizarte, no pensé que funcionaría, por lo que no le di ninguna palabra clave a Taekwoon y… sólo tú me hiciste creer en mí mismo.

Le da un beso en la mejilla. Hongbin le agarra del brazo y no permite que deje caer la frazada. Las palabras de sus amigos tintinean como un cascabel en su mente y lo sentimientos chispean en el poco espacio.

—Si hablamos de secretos, no es que hayas fallado al hipnotizarme —empieza. Considera admitir que lo ha hipnotizado de otra manera, pero es demasiado cursi para él—. No puedes traer del subconsciente algo que está plenamente en el consciente.

Jaehwan abre tanto los ojos que se ve cómico. Abre y cierra la boca y se relame los labios. Empieza a decir algo en un tono bajo, cautivante. No le ordena nada, pero Hongbin obedece igual y le besa.

Descubre que Jaehwan también disfruta tanto de las emociones como de su explicación.


*


Por supuesto, la situación no acaba allí. Si bien los trucos finalizan, las ilusiones nunca mueren. Jaehwan le presta su reloj a Hongbin, más ocupado en sostener su mano con aprehensión. Le pide que sople su puño, donde ha arrebujado un pañuelo. Él primero lo acaricia con la nariz, robándole risitas al otro muchacho por las cosquillas, y luego sopla con lentitud. Jaehwan quita el pañuelo y deja al descubierto una flor, recién arrancada de alguna planta. Hongbin la roza con los dedos y la coloca tras la oreja de Jaehwan, que sonríe con dulzura.

—Oh, genial. Tú te ligas un novio, ¿y yo qué? Mi mejor amigo no me habla porque se enteró de que le daba de beber leche de un plato que tenía que colocar en el piso y de que le tuve que colocar un cascabel. Y Sanghyuk tampoco, porque se cree que es… lo que se suponga que es y ocupa la mitad de la cama. ¡Cuando estamos a semanas del nuevo espectáculo!

Hongbin ahoga su risa en el cuello de su novio y prefiere guardarse el secreto.

«Suri, suri.»

 
Tags: p:kenbin, rate: g, vixx fanfic
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