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[exo] Fa mayor en rojo

Título: Fa mayor en rojo
Pareja: Tao x Lay
Género: AU
Rating: PG-13
Palabras:3.700+ (por ahora)
Resumen: «—¿Zitao está en tu clase? Pero él... ¿no estudia arte plástico? —pregunta Lu Han con expresión confundida, que a los segundos se convierte en una de comprensión y picardía—. Oh, ¿acaso alguien está enamorado del profesor?»
Nota: Para la Gala de Lay de exo_12eyes. Estaba tentada de escribir un Tao enamorado de un profesor, pero la idea final surgió de esto. Muchas gracias a quienes me animaron y a anita_dee por contestar mis preguntas incluso a las 8 de la mañana.♥ Advertencia: mi conocimiento musical es casi nulo, así que sepan disculpar si hay errores. O, mejor, enséñenme ;;



Fa Mayor en roj​o



Uno, dos, tres, cuatro.
Yixing utiliza el baile como descargador. Alivia sus preocupaciones a través de los movimientos, con energía y a veces con un poco de locking. Baila por horas si puede, hasta que sus músculos se estresan mucho antes de lo que él se cansa de sentir la música, los ritmos acelerados y los tempos cortos.
Nunca se cansa de la música. Es lo único que lo mantiene conectado a la Tierra y es lo único que la eleva fuera de ella.
Uno, dos, tres, cuatro.
Cuando sus músculos se rinden y parecen pedirle a gritos que se detenga, Yixing busca lo más rápido que puede su guitarra y se pone a crear música. Rasga las cuerdas e inmediatamente acaba con un Do, re, si bemol, fa que más tarde probará en el sintetizador y que serán su próximo Uno, dos, tres, cuatro.  Imagina los movimientos y ruega recordarlos luego. Y si no lo hace, no importa. Al menos recuerda la melodía y la sensación de su cuerpo moviéndose con ella y eso es suficiente.
Uno, dos, tres, fa.

*

Lu Han habla de los penales del último partido y su voz es un poco más aguda de lo normal, a un ritmo acelerado y con un mandarín fuera de tono pero que sorprendentemente se percibe armonioso. Está emocionado, sin dudas, porque luego de su desempeño en el último juego no le caben dudas de que será nombrado el mejor capitán de la historia. Yixing no se abstiene de comentar que es un poco temprano aún, que recién ha empezado la temporada, pero eso no detiene a su amigo de explicar de forma detallada su última jugada, la más sensacional en su opinión.
—Lo único es que me jode es haber dejado la clase de baile —anuncia Lu Han y en sus ojos grandes se refleja pena.
No tanto por la clase en sí, sino porque lo ha dejado solo. Se habían anotado juntos apenas habían empezado la Universidad; Yixing por la necesidad compulsiva de rodearse de música y dejarse llevar, de liberarse,  mientras que Lu Han solo lo hacía por ser un buen amigo. «No te creas tanto, me gusta bailar», le había dicho una vez entre respiraciones ahogadas mientras intentaba hacer un Knee Drop. Y es cierto, pero también lo es que se había anotado a esa clase para acompañar a Yixing y tratar de cuidarle sin ser demasiado evidente.
Lo más probable es que Lu Han solo no se hubiese anotado nunca. Es demasiado consciente de las miradas de los demás y a veces veía las clases de los sábados como una obligación, mientras que para Yixing es todo lo contrario. Incluso más.
—Más que nada ahora, que te han hecho profesor adjunto —continúa Lu Han tras beber un sorbo de café. Aunque su voz parece que sigue conteniendo lástima, el brillo de sus ojos ha cambiado a uno más socarrón—. Tengo que ver cómo intentas que esos pobres chicos te entiendan.
Yixing frunce el ceño.
—Tampoco soy tan malo —se defiende.
—¿La tercera es la vencida, no? —pregunta Lu Han, su voz un poco más alto, a tono con la socarronería de sus ojos—. Te lo creeré cuando sigas teniendo alumnos en la tercera clase.
—El chico coreano, ¿Oh Sehun?, ha regresado a la segunda —comenta Yixing, como si estuviera construyendo una justificación—. Así que eso cuenta. Incluso ha traído un amigo.
Eso parece llamar la atención de su amigo, que deja su café de lado y, con ello, se acaban los ruidos molestos de sus sorbidos.
—¿Huang Zitao? —pregunta. El nombre no resuena en los oídos de Yixing, así que Lu Han, que ya está acostumbrado, intenta explicarse—. ¿El chico que vino un par de veces el año pasado?
Aun así, se encoge de hombros. No lo recuerda; en parte por su naturaleza despistada y en parte porque, si es sincero, jamás les presta atención a las personas a menos que se le vuelvan relevantes. Cuando se mudó a Beijing estaba abrumado con las multitudes en cada esquina y la cacofonía de ruidos que lo envolvía a todas horas. Habiendo crecido en Changsha, pensó que mudarse a la capital del país sería diferente pero no tanto. Todo era el doble de grande, de ruidoso y de frío. Interesante a todo un nuevo nivel. A uno en el que Yixing tuvo abrazar su naturaleza despistada para no ceder ante el agobio.
Con los años se ha acostumbrado a nunca captar la totalidad de sus alrededores, ni siquiera el veinticinco por ciento de las situación. Solo centrarse en lo que tiene a mano y que en serio le interesa. Lu Han es un buen amigo e intenta comprenderle, pero no lo hace. Tiene a Beijing en las venas y la grandiosa habilidad de prestarle atención a todo y a nada al mismo tiempo.
Por lo que no es raro que se eche a reír.
—Oh, por Dios. ¿No sabes los nombres de tus propios alumnos? —cuestiona, un poco incrédulo y bastante risueño. Si lo piensa bien, quizás es algo gracioso—. ¿Cómo puedes estar enseñando dos clases?
—Técnicamente no estoy a cargo de la enseñanza, no totalmente —se explica antes de que su amigo siga riéndose de él—. Estoy solo para ayudar al titular en baile. Y en Composición estoy como un…. ¿estudiante avanzado? Voy solo a observar las clases y a ayudar a los alumnos si éstos me lo piden.
Lu Han se encoge de hombros y murmura un «Es lo mismo». No es raro que no lo entienda, si su amigo se ha atrasado en su carrera de Física con tal de hacer pequeños trabajitos como modelo y de largarse a campo a practicar.
No se le ocurre que, quizás, es él quien no comprende.

*

La ciudad se ve gris hoy, otra vez. Puede verlo desde la ventana del ómnibus y desde la ventana del estudio de baile. Beijing es gris y sucia, con nubes de polución que a veces ocultan el sol. Podría encontrarla deprimente si no la encontrara también radiante y colorida, con los millones de grafitis y luces de neón que crean imágenes difíciles de traducir. Además, está cargada de todo tipo de sorpresas.
Lu Han le dijo una vez que hay una fórmula para medir y explicar si se es feliz en Beijing. Yixing no entiende de fórmulas, si apenas y ha aprendido hace un par de años a leer pentagramas, así que quiere utilizar su propio método de comunicación.
«Beijing en una sola melodía es demasiado ambicioso», pensó una noche tras desechar su quinto borrador.
Aún lo intenta.

*

En parte es por la conversación con su amigo que Yixing considera seriamente en empezar a fijarse más en los alumnos. Sin embargo, lo considera más que nada porque es la segunda vez que el titular le manda un mensaje a último momento avisándole con explicaciones vagas que no podrá ir, que se haga cargo de la clase.
Son al menos diez personas las que se paran frente al espejo, mientras esperan a que empiece a sonar la música y las instrucciones.  Reconoce apenas a Song Quian y a, un lado de ella, a Jin Zhongda, el chico con el que colabora en algunos trabajos prácticos y que tiene dos pies izquierdos, pero mucho entusiasmo para suplir. También reconoce a Oh Sehun, el chico coreano que ya había tomado esa clase el año pasado y con el que Lu Han se había hecho buen amigo, lo suficiente para arrastrarlo a tiendas de bubble tea y para enseñarle malas palabras en mandarín. El «Tienes que sacarte ese palo del culo» que le había dirigido en un tono casi perfecto a su amigo la semana pasada, cuando éste se quejó de por qué era arrastrado nuevamente a baile, era un perfecto ejemplo.
Esta vez también vuelve a ver al amigo de Sehun, hoy sí con ropa cómoda, y piensa por unos segundos hasta recordar el nombre. Zitao; Huang Zitao. Un nombre que resuena fuerte, grave, en su lengua cuando lo murmura para sí. Un nombre que se adapta perfectamente a la apariencia de aquel chico alto, de rasgos largos y afilados, aunque un poco felinos.
Se felicita; cuatro de diez no está mal. Lu Han seguramente se reiría.
—Hoy tendrán clases conmigo de nuevo—anuncia tras haber hecho un par de palmas para llamar la atención—, por lo que seguiremos trabajando la misma canción de la semana pasada.
—¿La que tú compusiste, ge? —cuestiona Zhongda.
Yixing se rasca el cuello con un poco de vergüenza y asiente. Aunque está satisfecho con su propia melodía y los pasos que había coreografiado para ésta, no le sabe muy bien usarla como recurso de emergencia. El profesor titular había accedido a su sugerencia de probarlas, pero jamás habían hablado sobre utilizarlas de manera formal.
La clase no parece desanimarse, todo lo contrario. Le parece que Huang Zitao sonríe suavemente, pero no está seguro porque el chico se pone a hacer estiramientos previos con diligencia.
Uno, dos, tres, cuatro.

*

Se topa con Zhongda en los pasillos de la universidad pero no pueden hablar mucho. Yixing está llegando tarde de nuevo a clases y el otro chico se ríe a sus expensas, porque aún no se ha acostumbrado completamente al tráfico denso de la ciudad. «Deberías usar una bicicleta, no el ómnibus ni el tren en horas pico», le aconseja, tal y cómo le había dicho Lu Han hace unos años. «O acostúmbrate a salir más de una hora antes», había añadido su amigo.
—¡Eh, profesor Zhang! —exclama Zhongda cuando él se está alejando, sorteando estudiantes, con su voz aguda rebosante de picardía—. ¿Podré inscribirme a Composición, al menos como oyente?
Yixing hace una mueca y deja escapar un sonido vacilante que se pierde entre el murmullo de los estudiantes y las voces que se alzan, imponentes, de los profesores que están dando inicio a sus clases tras las puertas. En realidad, la Universidad Normal de Beijing es estricta con las clases y los periodos de inscripción. Además, Zhongda ya tomó esa clase, con él, el año pasado. Sin embargo Yixing comprende sus motivaciones; Zhongda tiene una voz angelical con un rango vocal privilegiado y las letras que escribe son bonitas, pero sus melodías son como sus pasos de bailes, entusiastas pero torpes o forzadas.
—¡Prueba! —le grita desde la otra punta del pasillo, atrayendo la atención de varias personas—. Si es como oyente, ¡no creo que al Director Chou le moleste!
Zhongda sonríe y se lo agradece con una última exclamación que Yixing logra oír antes de entrar a clases.
—¡Pero no me repruebe, Profesor Zhang!

*

Do, re, si bemol, fa.
No está seguro de cómo seguir. Tal vez con un do menor o un la, pero en realidad no suena bien, no suenan como si fueran la forma correcta en su cabeza. Lleva unos días atascado con esta melodía, solo cuatro acordes que a veces intenta modificar, intercalar otro, cambiar de lugar, pero que al final siempre se mantienen igual. Es una melodía que apareció sin motivo aparente en su mente, pero que no puede abandonar.
Se le está volviendo bastante frustrante, de hecho.
Realiza al menos cincuenta pasos de baile diferentes con esos cuatro acordes en mente, mas ninguno le satisface. Las rodillas y el orgullo le duelen cuando decide que es tiempo de regresar a su dormitorio. Se sienta con desgana en los escalones del edificio contiguo al estudio y deja que la noche lo envuelva con su aire pesado y frío. Mira de manera distraída a la gente pasar delate suyo y oye como un zumbido molesto las voces bajas, los celulares, los pasos que dan como una multitud anónima, disgregada y a destiempo, que se acercan y se alejan de él sin entrar en contacto, más que una mirada casual y efímera.
Apoya sus brazos en sus rodillas y contempla los escalones por unos segundos. Ciertamente son fascinantes; están hechos con diferentes baldosas, algunas ya son solo retazos, con varios colores y texturas diferentes. Conforman una imagen pintoresca y cautivante, irrumpiendo en el gris de Beijing.
Por un segundo piensa que quizás eso es lo que le falta a su composición. Más colores, más texturas.

*

—¡Profesor Zhang! —exclama alguien desde el fondo del aula, con una tono distintivamente agudo y alegre. La clase está por empezar, así que Yixing no puede acercarse por mucho tiempo a hablar, pero lo contenta ver que Zhongda está allí, sentado en el mismo lugar que ocupaba el año pasado y con una de sus típicas sonrisas, tan grandes que lo hacen cerrar los ojos—. ¡Nos permitieron venir de oyentes! —anuncia—. Incluso van a dejar que nos corrijas, aunque no puedas ponernos notas… ¡Así que cuida de nosotros, Profesor Zhang! —pide y deja escapar unas pequeñas risas, tan dulces como su voz al cantar.
Yixing sonríe y le pide con un poco de vergüenza que no use el «Profesor». Él no tiene ningún título, no es más que un estudiante avanzado en esa materia. Como tendría que haber esperado, Zhongda se queja.
—Así no es divertido, Profesor Zhang —le dice mientras se apoya en la persona que se encuentra en el asiento contiguo—. ¿Verdad?
Una voz, baja pero sin timidez,  afirma en un murmullo y hace que Yixing finalmente se fije en el «nosotros» del que Zhongda habla. Rostro alargado, nariz ligeramente ganchuda y extremidades largas. También lleva unos anteojos grandes que remarcan sus ojos felinos y acentúan el tono bronceado de su piel. Lo sorprende un poco ver a Zitao allí. No sabía que fuera amigo de Zhongda o que estudiara música.
—Igual, llámenme Yixing, por favor.
Zitao asiente con seguridad.
—Yixing —repite con lentitud, casi como si lo saboreara. Luego agrega algo por lo bajo, en un chino algo dialéctico, que él casi no puede discernir—. Como el océano de noche.

*

Zitao se muestra muy interesado en la clase y, siempre que puede, lo llama o se le acerca para hacerle preguntas, lo que también demuestra que su conocimiento no es muy avanzado. Entiende conceptos básicos como melodías y armonías, pero no mucho más. Yixing sospecha que es un ingresante que quiere probarse a sí mismo en clases avanzadas y que, como él lo era años atrás, Zitao es un autodidacta entusiasta. Y bastante agradable, además.
Más allá de su exterior un poco duro y engañoso, Zitao podría ser puras sonrisas. Sonrisas no muy grandes; solo labios, con bálsamo labial, estirados con ganas pero que jamás muestran todos sus dientes. También es bastante charlatán, como si le gustara el sonido de su propia voz, aunque nunca dice mucho de sí mismo. Habla de sus gustos, de los demás y de la importancia de la estética.
A medida que se suceden las primeras clases, los «Yixing» de Zitao se transforman en «Ge» y los «¿Podrías explicarme?» en «¿Podrías enseñarme?», a veces demasiado interesados. Su voz es naturalmente grave pero se alza hasta octavas que no hubiese esperado que alcanzara cuando se emociona, lo que ocurre cada tanto, a veces en momentos inesperados. Casi igual de inesperado es el color que elige cada día para tomar sus apuntes.
Zitao es suave, hasta blando, y misterioso al mismo tiempo. Una melodía curiosa.

*

Uno, dos, tres, cuatro.
Lo intenta una vez más, a un tempo más suave. Separa las piernas con un movimiento circular y gira sus caderas en sentido contrario e intenta alzar sus brazos con gracia pero finalmente los deja caer. Al instante, se deja caer en el piso, frustrado. Se mira a sí mismo en el espejo mientras intenta pensar en qué falla, en el por qué todo parece un ruido blanco, pero sólo acaba con un ceño fruncido.
«¿Siempre bailas tus propias composiciones, Yixing-ge?», le había preguntado Zitao hace un par de semanas cuando ambos salían del estudio al anochecer, tras la clase de baile, y Sehun los esperaba en la puerta, con diversión disimulada con molestia en su mirada. Él le había contestado con sinceridad que a veces sí, la mayoría de las veces sí, pero que no lo hacía por vanidad sino que por su método creativo. «Bailo para aclararme», le había contestado. Para liberar su tensión mental, para sentir la música, para que los acordes se le presenten.
Empieza a componer mientras baila y empieza a bailar mientras compone.
Sin embargo, ahora mismo no está pasando eso.
—Antes de que pases otros diez minutos espaciando y mirándote en el espejo, ¿quieres que vayamos por café? —pregunta Lu Han desde su rincón entre la pared de espejo y las mochilas abandonadas. Mira con aburrimiento su celular y todavía lleva puesta la vincha que utiliza para apartarse el cabello de los ojos durante las prácticas—. Extrañaba el estudio y bailar y todo, pero ahora en serio extraño el café.
Acaban en un Starbucks que hay cerca de Sanlitun, porque Lu Han quiere un café más decente que el de supermercado pero no quiere adentrarse en el área hacia una cafetería más cómoda y linda, que seguramente estará repleta de chicas lindas y ellos dos totalmente sudados. Pero desde que lo conoce, Lu Han es así: adicto al café y a las cosas lindas; a veces incluso piensa que su personalidad podría explicarse sólo con esos dos ejemplos.
—Ahora bien, ¿qué te pasa? —cuestiona Lu Han, con ojos grandes detrás de la taza que sorbe con tranquilidad—. ¿Qué te tiene tan… gris?
Es curioso cómo la pregunta le recuerde al mismo tiempo a Beijing y a su composición, o quizás es curioso cómo todo se relaciona. Do, re, si bemol, fa. Prefiere evitar el tema. No porque Lu Han no pueda comprenderle, si no porque no quiere volver a caer en una conversación que ya han tenido antes. No es la primera vez que Yixing se siente atascado con una composición, solo que es la primera vez que sucede por tanto tiempo.
—No es nada, una melodía que se me resiste.
—Es que no eres lo suficientemente guapo —responde Lu Han al instante, con una de sus bromas con tono inofensivo. Yixing pone los ojos en blanco, ya está acostumbrado a ese tipo de respuestas de su amigo—. Yo esperaba que sea una chica… pero al menos me alegro que no sea nada de las clases.
—¿Por qué habría de tener problemas con las clases?
—¿Hubo tercera clase?
—Y cuarta y quinta.
—Entonces, no sé… —vacila Lu Han mientras sigue tomando café. Ha vuelto a hacer ruidos molestos al sorber, así que lo más probable es que se le esté acabando. Considera por unos segundos comprarle otro, así no se pone más imbécil—. Que el titular te odie o algo así de interesante.
Yixing frunce el ceño y chasquea la lengua. Para ser alguien a quien no le gusta el drama, Lu Han a veces se entretiene mucho como espectador. Piensa por unos segundos, pero en las últimas semanas no le ha pasado nada más interesante que intentar organizar sus horarios de clases con los del estudio de baile y ayudar a Zhongda y Zitao con sus composiciones.
—Whoa, espera. ¿Huang Zitao? —repite mientras deja de lado la taza vacía—. ¿Zitao está en tu clase? Pero él... ¿no estudia arte plástico? —pregunta Lu Han con expresión confundida, que a los segundos se convierte en una de comprensión y picardía—. Oh, ¿acaso alguien está enamorado del profesor?
Él abre los ojos de la sorpresa y deja escapar un «¿Qué?» repleto de incredulidad que se pierde a medio camino entre el silbido de la máquina cafetera y las baladas internacionales que Starbucks coloca a esa hora.  Por la expresión de Lu Han, se está aguantando una carcajada histérica. Y eso debería significar que es una broma, pero ya son mejores amigos desde hace años como para no saber que es todo lo contrario.
—¿Estudia arte?
—Hace dos años ya. Con Sehunnie —informa su amigo y, ahora sí, deja escapar unas pequeñas risas—. Hombre, no puedo creer que no te acuerdes. Si Sehun hasta nos invitó a sus exposiciones de esculturas.
Yixing se pasa la mano por el pelo, desordenándolo aún más, y contempla su vaso de papel, todavía atónito. No lo recuerda. Por aquel entonces estuvo colaborando con Zhongda, exprimiendo cada gota de conocimiento y creatividad en su trabajo final, así que se había aislado más que nunca del mundo. Solo recuerda la mofa de  Lu Han que lo persiguió por días, el «¿De qué sirve ser un genio musical si no tienes vida social?» que todavía le zumba en los oídos.
—¿Entonces qué hace en la facultad de música? —cuestiona, confundido.
Lu Han se hunde de hombros.
—Te lo dije, está ena…
—Hablo en serio, Lu Han.
—Yo también —declara su amigo, con un tono de voz más equilibrado, más serio—. No sería nada raro —comenta con simpleza y sacude su vaso, como si estuviera asegurándose de que está realmente vacío. Al ver la expresión de Yixing, decide explicarse—. Mira, el año pasado cursé con él Coreano, como lenguaje extranjero, y el chico tenía un obvio enamoramiento en el Profesor Kim. Trataba de hablar con él todo el tiempo y fue el primero en llamarlo por su nombre. Es más, lo llamaba «Joonmyun-hyung».
Él, en realidad, no sabe mucho coreano, pero puede sospechar que aquello no es algo muy formal, menos para una relación profesor-alumno. El rostro expresivo de Lu Han, se lo afirma.
Aun así le cuesta imaginarlo. Zitao es sólo un chico agradable, seguramente.
—Tampoco es que sea tan raro —añade Lu Han—. Yo no sé una mierda de psicología, pero sé que muchas personas pueden sentirse cautivadas y hasta obsesionadas con alguien que ven como a un «superior», que los encandila con su conocimiento y… no sé, todo eso —expone de forma vaga. No esperaba mucho, de cualquier forma; ya sabe que su amigo habla con el cuerpo y, a veces, con fórmulas—. Eh, ánimo, que al menos se te ha dado. Sólo piensa en Zitao como una chica de casi dos metros, con más músculos que tú y vello —ríe.
Yixing piensa que tendría que haberle comprado otro café, para que se le tranquilice lo imbécil. Prefiere pensar en eso en lugar de en todo lo que le ha dicho y en cómo su corazón está latiendo un tiempo más rápido.



perdón por dejarlo ahí, ya lo seguiré.
Tags: exo fanfic, fanfic, p: taolay, r: pg-13
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