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[exo] (balance anual) (2/3)

Sehun debería entender que la vida no se trata sólo de cazar Quaffles y esquivar Bludgers. Y que el amor es casi como una Snicht.


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La siguiente vez que Lu Han le propuso practicar, Sehun no puso demasiadas trabas. Escuchó con atención y planteó sus propios pensamientos sobre las tácticas sin brusquedad, pero tampoco sin mucha calma. No fue una charla amena ni muy objetiva, aunque al menos les funcionó.

—Ravenclaw juega de manera inteligente, quizás demasiada —le dijo mientras sacaba la Quaffle y se subía a su escoba—. Y podríamos hacerlos caer por ese lado. Después del partido contra Slytherin, deben estar confiados. Irán a por Jongin, con seguridad, así que Jongdae se encargará de defenderlo. Pero pensarán que nosotros dos somos pan comido  —prosiguió. Sehun tensó la mandíbula para abstenerse de contestar. Aún le bullía la sangre cuando pensaba en cómo habían ofendido a su amigo y, al mismo tiempo, le dolía un poco lo que Lu Han insinuaba—. Haremos un engaño tan tonto que se preguntarán cómo no lo vieron.

—¿A qué te refieres?

—En cuanto Smith me pase o yo atrape la Quaffle, te haré un gesto. Y cuando los cazadores y el guardián de Ravenclaw se me vengan encima, “dejaré” caer la Quaffle. Tú deberás atraparla al vuelo. Y anotar, claro.

Sehun asintió quedamente. En realidad, esa era una estrategia bastante infantil y con probabilidades de éxito mixtas. Sin embargo, el rostro de Lu Han estaba encendido, sus ojos brillando con emoción y anticipación. Su rostro no le recordaba tanto al de un elfo en ese momento, sino que lo hacía al de un niño impaciente, que no puede esperar por jugar.

—¿Qué gesto? —preguntó.

Lu Han lo contempló detenidamente por un segundo mientras pensaba. Al final, levantó el dedo meñique de su mano derecha y anunció que sería ése. Al instante, Sehun recordó algo que le habían dicho hacía años, cuando su verdadera aprehensión era de ese mundo que los muggles habían creado sin magia y que él desconocía. Al notar su expresión, o su falta de ella, Lu Han lo urgió.

—Nada. Es que Jongin me ha dicho que ese gesto es el que usan los muggles para hacerse promesas.

—Oh —pronunció Lu Han, abriendo suavemente la boca—. Entonces hagamos una promesa. Yo te doy la Quaffle, tú promete tomarla.

Sehun asintió y estiró también su dedo meñique, sin saber bien qué debía hacer.


*


Cuando en tercer año se le había acercado una chica en Hogsmeade, con su cabello castaño y enrulado y la piel pálida, Sehun le había comprado algunas grageas de todos los sabores. La niña era simpática, pero hacia el fin de la tarde, le había estado preguntando qué pensaba y qué sentía.

No había sabido qué responderle. Por entonces, por su mente sólo pasaban hechizos que había estado intentado aprehender, alguna que otra jugada de Quidditch y el sabor a sorbos de cerveza de mantequilla y besos inexpertos.

Le habían sido preguntas difíciles; no había entendido por qué debería de habérselas hecho a sus trece años.

Cuando a la noche Jongin se sentó a su lado en la ventana, miraron en un silencio confortable las extensiones de los terrenos de Hogwarts, más allá del Bosque Prohibido, del lago y del estadio, donde la oscuridad de la noche convertía al horizonte en algo macabro y entrañable. Antes de irse a dormir, Jongin le preguntó si ahora Lu Han le estaba cayendo mejor.

Él se encogió de hombros. No debería ser una pregunta difícil para él; sin embargo, no entendía por qué no podía responderle.

En ese momento, se sentía casi como una estatuilla de madera transformándose en un hurón. No era completamente similar, pero tampoco muy diferente.


*


Tal y como Lu Han había predicho, el equipo de Ravenclaw se confió. Descuidaron su lado izquierdo, concentraron la fuerza de sus Golpeadores en Jongin y no se esperaron sus estrategias infantiles. Sehun se admitió a sí mismo que, en realidad, jamás esperaron que él y Lu Han hubiesen jugado juntos como verdaderos compañeros. Y eso le hizo sentirse, de algún modo incomprensible, contento.

Ganaron; y la sonrisa en su rostro crecía cuando pensaba en que lo hicieron de forma devastadora, en especial porque Jongin atrapó la Snicht.

Sin embargo, la sonrisa en su rostro decrecía a la misma velocidad cuando pensaba en que todos acabaron en la enfermería, alrededor de Jongin y Jongdae. Uno con la cadera rota y el otro con algunos músculos de su brazo desgarrados. Sehun tembló de sólo imaginar los dolores que deberían estar sintiendo.

—¿Están bien? —preguntó Chanyeol con sincera preocupación.

—Nos machacaron a Bludgers, ¿qué crees? —bufó Jongdae mientras se sentaba en la camilla de su hermano. Luego ablandó su rostro y los miró con picardía—. Gracias a Dios, Merlín, quién sea, que existe la magia. Si no, Jongin tendría que olvidarse de sus bonitas clases de jazz de verano y posibles parejas —comentó con socarronería y le dio un par de golpecitos inocentes a la cadera de su hermano. Éste se quejó del dolor y le empujó, sin verdadera fuerza, fuera de la camilla.

Jongdae volvió a sentarse y ambos hermanos se rieron durante un rato del otro, hasta que el ambiente inquieto se tranquilizó. Las risas de los demás integrantes del equipo se fueron sumando de a poco y pronto fue como si hubiesen estado celebrando la victoria. Sehun se relajó y se sentó en la camilla, frente al par de hermanos que con sutileza le tomaban el pelo a Yixing. Consideró por unos minutos lo afortunado que era su amigo; no solo tenía un hermano, también se llevaba bien con éste, lo cual no era muy fácil de ver en familias de magos, donde la magia y el poder a veces se anteponían al cariño. En cambio, Jongin y Jongdae se llevaban muy bien; solían tener conversaciones largas entre ellos, bromas particulares y hacían imitaciones de una banda a la que denominaban Queen, graciosas por lo exageradas que parecían.

Cuando la sanadora los echó, Lu Han le aconsejó a Jongin que no se presente a las prácticas de la semana siguiente e hizo caso omiso a la exclamación “¿Y yo?” de Jongdae, con indignación fingida.

De regreso a su dormitorio, Sehun rumió en la idea de que quizás debería acercarse más a otras personas a parte de Jongin… porque, quizás, se sentía un poco solo.


*


—Baekhyun vino hace un rato —le comentó Jongin tras saludarlo. Estaba inesperadamente despierto y activo, por ser que tenía permiso para faltar a clases—. Nos despertó porque estaba aburrido y luego se llevó a Jongdae a desayunar —agregó, con un suspiro de frustración. Probablemente por el aburrimiento. Aunque Jongin solía estar adormilado durante el día, no era bueno quedándose mucho tiempo quieto—. Me contó detalles del partido. Salvo veinte puntos de Smith, el resto fueron tuyos. Felicidades.

—Ah, sí.

Luego de que Jongin lo mencionó, se dio cuenta de que Lu Han sólo había hechos pases durante todo el partido. Se había acercado a los aros pero sólo como distracción o para tirarle la Quaffle. Intentó convencerse de que era la estrategia contra Ravenclaw, nada más.

Su amigo se quejó durante todo la hora de desayuno del dolor en su cadera. La magia estaba acelerando el proceso de curación y el de soldadura de las decenas de pedacitos que eran sus huesos, pero al parecer no había hechizo que le pudiese funcionar como morfina.

Sehun sintió compasión en demasía.

—Vete, jugador estrella —dijo Jongin divertido cuando ya era hora de entrar a clases—. Déjame morir de aburrimiento. Sólo no te diviertas tanto y te olvides de mí.


*


Encontró las clases más tediosas de lo habitual sin Jongin. Defensa contra las Artes Oscuras la halló soporífera y Herbología, aunque fue más dinámica, solo le dio más ganas de estar parado en el campo de Quidditch, con el pasto a sus pies y el viento frío de inicios de invierno golpeándolo inclemente en el rostro. Así estaría más despierto, al menos.

Sin embargo, una vez se acabaron las clases, se encontró a sí mismo de nuevo en la enfermería, escuchando a Baekhyun hablar de cualquier cosa menos de Transformaciones.

—No le han dedicado ninguna anotación a Kim Joonmyun, estoy decepcionado. Ahora tendré que pensar en otra forma de llamar su atención.

—¿Para qué la quieres? —preguntó Jongin, con el ceño fruncido en confusión.

—Duh, la de Lu Han ya está tomada. —Ambos amigos se miraron con extrañeza, a ver si el otro podía ver la obviedad que Baekhyun planteaba. Solo había confusión—. El baño de prefectos, ¿sí? Dicen que es muy espacioso y tranquilo, que nadie anda por allí.

Sehun frunció el ceño, confundido. Se estaba empezando a convencer de que las palabras nunca aclaraban realmente los asuntos.


*


—Espero que no te moleste que Yixing se quede después a practicar con nosotros —le dijo Lu Han cuando se cruzaron en el pasillo, al término de las clases matutinas.

Era hora del almuerzo y la mayoría de los estudiantes se apuraban a llegar al Gran Salón, como si tuvieran temor de quedarse sin comida, lo que nunca sucedía. Él, en cambio, iba hacia la enfermería, decidido a hacerle compañía a su amigo y a robarle algún que otro panecillo, antes de que Jongdae le ganara. Suponía que el haberse topado con Lu Han fue solo una casualidad, pero lo tomó desprevenido. Creía que las prácticas en solitario ya no serían necesarias.

Como única respuesta, sacudió la cabeza.

Lu Han le agradeció y le sonrió como siempre hacía con todos, con amabilidad y corrección. Sin verdadera y poderosa alegría. Era una sonrisa curiosa, por todo lo que no reflejaba. A su manera, envolvía al propio Lu Han en un halo de misterio.

—Espera —pidió y, en un acto casi inconsciente y apresurado, agarró a Lu Han de la muñeca antes de que se perdiera entre los corredores. Su piel parecía suave debajo de la pesada tela de la túnica, pero era inesperadamente callosa en la palma de la mano. Supuso que, después de todo, el chico pasaba las horas del día con una pluma, escribiendo apuntes, o con una escoba voladora—. ¿Por qué eres Cazador?

Lu Han arrugó el ceño en desconcierto y reserva.

—Creí que ¿ya habíamos dejado caer ese tema? —respondió con cierta vacilación.
—No, no hablo de Jongin, sino de ti. ¿Por qué quieres serlo? —se explicó. Lo miró por unos segundos, pero el otro chico solo abrió un poco la boca. No como si estuviera amagando a hablar o como si se hubiese quedado sin palabras, sino que como si estuviera empezando a entenderle—. Contra Ravenclaw no has siquiera intentado anotar un punto.

—¿Qué entiendes tú que es un Cazador? —cuestionó, en cambio, mientras se liberaba con sutileza del agarre. Sehun parpadeó por un segundo. La pregunta era demasiado sencilla después de jugar en esa posición durante tres años, sin embargo, el chico carita de elfo lo hacía parecer como si la respuesta era más complicada—. El que ataca, ¿verdad?

Sehun asintió quedamente y Lu Han dejó escapar un sonido tenue, casi vago, como si sus expectativas hubiesen sido cumplidas. No sabía qué pensar ante eso.

Lu Han se apoyó contra la pared, bajo el alféizar de la ventana, y la luz del sol invernal y los vidrios de colores echaban sombras y matices sobre su rostro de modo que su apariencia infantil habitual se veía diferente. Pensó en un híbrido de elfo y veela, si acaso eso fuera posible.

Por su pose, Lu Han parecía preparado para una conversación larga y él se cuestionó si acaso lo sería; si debería imitarlo y ponerse cómodo. Se removió un poco sobre sus pies, pero simplemente se quedó parado, no muy seguro de qué hacer. Caviló por un instante en la idea de que, con Lu Han, siempre se sentían como pláticas y discusiones de dos o más partes, nunca como monólogos.

—La cosa es que todos atacamos, no solo tú —procedió, con franqueza y sin rodeos—. Nuestro juego de equipo es agresivo; nos caracterizamos por ello. La casa en sí lo hace; Gryffindor, la valentía y todo eso, ¿verdad? —preguntó. Aunque, por su tono de voz, no esperaba una respuesta—. Cada uno es agresivo desde su posición; debe serlo. Incluso Yixing. O, bueno, al menos lo intenta —rió por lo bajo. Se notaba que ellos dos se llevaban bien y, si no había entendido mal, eran verdaderos amigos—. Por eso es que, en teoría, todos los integrantes del equipo estamos capacitados para jugar cualquier posición.

—¿Pero?

—Pero Jongdae y Chanyeol, por ejemplo, son agresivos porque les gusta atacar, meterse con otros, pero también lo son al defender, porque odian que le hagan daño a quienes le tienen cariño —explicó de forma lenta, como si le costara poner en palabras sus pensamientos. Sehun se encontró a sí mismo comparando sus palabras con su punto de vista sobre los Golpeadores. No distaban mucho, descubrió—. Yixing, en cambio, no suele ser agresivo, pero se vuelve así cuando se trata de defender los intereses de sus amigos. Luego están Smith y tú. Son agresivos y ágiles. Ponen la mente solo en la Quaffle y son… ¿indiferentes a los demás? —acabó con hesitación mientras se frotaba la nuca.

Sehun frunció el ceño. Estaba bastante seguro de que lo había descrito como egoísta.

En cualquier otro momento hubiese pensado que lo hacía como un insulto, una ofensa en venganza de la forma en que lo había estado tratado, mas algo le decía que no era así. Que Lu Han solo estaba siendo honesto y un crítico objetivo.

—Después está Jongin —prosiguió—. Que tiene todas las aptitudes de un Cazador, además de cierta… flexibilidad y reflejos. También es grácil con sus movimientos y la escoba, aunque eso no es estrictamente necesario para un Buscador —añadió pensativo y con algo de humor, aunque Sehun no le hallaba la gracia. Se removió de nuevo en sí mismo, repentinamente incómodo—. Por eso es que si Jongin quiere ser Cazador, lo logrará. Demonios, incluso podría ser profesional, si lo desea —dijo con algo en su voz, similar al orgullo. Sin embargo, también parecía admiración y envidia. Quizás era un poco de todo.

—¿Cómo estás tan seguro? —preguntó. No porque lo cuestionara, sino porque se encontró a sí mismo con una naciente curiosidad sobre lo que pensaba Lu Han.

—Él es persistente. Créeme, lo logrará.

No lo dudaba. De hecho, lo había empezado a creer fielmente desde el momento en que Jongin le había confesado su sueño. Desde ese día, cada paso que hacía, ya sea a propósito o por traspiés, lo volvía más cercano a realizarlo.

Y Sehun debería estar contento de no ser el único que notaba los esfuerzos de su amigo, y lo estaba, pero algo indómito e irreconocible tiraba de la punta de su estómago hacia abajo. Quizás debería haber sospechado lo que le estaba pasando cuando se preguntó el porqué había tenido que ser justamente Lu Han.

—¿Y tú?

El chico parpadeó por unos segundos, atónito. Los rayos que entraban a través de los vidrios tintados de la ventana hacían que su piel pálida brillara y se coloreara de un azul suave en el área de su nariz y su mejilla. Realmente parecía un híbrido de elfo y veela.

—Yo… me identifico más con los Cazadores —confesó, su voz casi un murmullo—. Aun si fui Guardián por demasiado tiempo.

Le pareció leer algo en las líneas de expresión de su rostro. Algo que podría perderse entre las sombras y la luz.

—Pero no has intentado anotar en el partido.

—No es que nunca vaya a hacerlo —repuso rápidamente—. Armar jugadas es otro tipo de agresividad, una necesaria para ganar partidos. Además, me han nombrado Capitán —finalizó, sin mirarlo a los ojos. Luego se encogió de hombros y señaló el corredor hacia el Gran Salón.

Sehun asintió. Él, en cambio, estaba completamente atento a su mirada y a lo que residía alrededor de ella.

Responsabilidad, desconcierto, cansancio.


*


Cuando llegó el receso navideño, Jongin se quejó de que había descansado demasiado por culpa de su cadera. Que en serio quería ir a más prácticas y hasta estudiar.

—Déjalo hablar —dijo Jongdae, en el viaje de regreso en tren—. Así mañana será más divertido cuando esté quejándose de que no quiere ver un pergamino nunca más en su vida y se ponga a bailar en su lugar.

En el Andén 9 ¾ obtuvo un abrazo fuerte y un “¡Te mandaré una lechuza!” antes de ambos se separaran en la estación y se marcharan a sitios opuestos de Inglaterra. Pensó en que, otra vez, sus pequeñas vacaciones serían una tortura. Al menos no visitaría más tumbas que las de su propia casa, siempre tan solitaria.

A lo lejos lo saludaron Chanyeol y Lu Han, con sonrisas grandes y bolsos en la mano. Fue el último resquicio de Hogwarts que vio antes de encontrarse con madre.

Las vacaciones se sucedieron en charlas sobre la escuela, los exámenes y los partidos, y visitas a la oficina de su padre en el Ministerio. Nada nuevo, nada divertido.

La lechuza de Jongin llegó antes de Año Nuevo; la consternación de Sehun fue más veloz.

Llegó en Navidad, cuando abrió el obsequio que sus padres le habían dejado debajo del gran árbol mágico que había en la sala. Era una escoba profesional, una preciosa Nimbus 1500, y Sehun se sorprendió a sí mismo pensado en contárselo primero a Lu Han.


*


—¿No puedes transformar una taza en un hurón y aun así recibes una Nimbus 1500 por Navidad? —resopló Baekhyun con incredulidad—. Injusticias, ¿dónde? Lo más interesante que yo recibí fueron medias de lana de mi abuela y comida para perro de Jongdae —volvió a resoplar. Jongin no pudo evitar reírse por lo bajo.

Sehun se abstuvo de comentarle que, aunque todavía no lo había perfeccionado ni estaba cerca de lograrlo, había avanzado mucho. Ya no lo hacía de manera descuida e inconsciente. Había entendido al fin el modo en que la magia debía burbujear bajo su piel y concentrarse en la punta de su varita; en que debía reconocer lo que debía ceder a favor de algo distinto.

No obstante, sus tazas seguían teniendo cola de hurón en lugar de mango.

—Tienes que dejarme probarla —declaró Lu Han con ojos brillantes de la emoción y las ansias. Fue secundado al instante por Jongin.

Los cuatros estaban en la biblioteca, hablando del receso y obsequios y de cualquier cosa menos de estudio. Se sentía bien, se sentía efímero.

—Ya veremos.


*


Al finalizar las prácticas, Sehun volvió a quedarse a solas con Lu Han y Yixing. Jongin los contempló por encima del hombro, dubitativo, antes de irse. Parecía que tenía ganas de quedarse, de continuar practicando como ya lo había hecho cientos de veces en años anteriores, hasta que no pudiera mantenerse estable encima de la escoba. Sin embargo, su hermano le recordó los T.I.M.O y su expresión se volvió conflictiva. Al final, le hizo un gesto de despedida y arrastró los pies hacia los vestidores, detrás de Chanyeol.

Practicaron todo los tipos de lanzamientos posibles para que Yixing pudiera detener por una hora, hasta que éste anunció que debía irse.

—Todos creen que Hufflepuff será fácil, que ganaremos —le contó Lu Han mientras sobrevolaban perezosamente por el estadio—. Y quizás lo hagamos, pero dudo que vaya a ser pan comido. Ellos son dedicados y muy buenos jugadores de equipo. A diferencia de las otras casas, sus estrategias no son lógicas ni tienen jugadores que destaquen, sino que se basan en que uno no es nada sin los otros seis —explicó con algo de preocupación en su voz, el rostro serio—. Lo sé, me lo explicó el mismo Kim Minseok hace un par de años, cuando nos encontramos en la reunión de prefectos. Y si soy sincero, Sehun, me gustaría graduarme invicto como capitán —reveló con el ceño fruncido en preocupación, pero con una mirada esperanzada—. Jamás lograría la gloria del Capitán Weasley, pero al menos sería considerado como uno de esos “buenos capitanes que tuvo la casa de Gryffindor” —enfatizó las últimas palabras, utilizando la voz honorable de McGonagall.

Cuando la noche empezaba a irrumpir en el firmamento, Sehun cedió ante los ojos enormes y brillantes de elfo. Lu Han se subió a su Nimbus 1500 con la alegría y la emoción haciéndose apreciar en cada grito de júbilo, en cada risa. Le dio varias vueltas al estadio hasta que se hizo completamente de noche y a lo lejos se empezó a oír cómo los estudiantes devoraban la cena. Mientras tanto, Sehun lo contemplaba desde el suelo, donde estaba sentado en el pasto y con sus facciones arrugadas en un enfurruño.

Lu Han había mencionado su graduación y le había hecho recaer en el poquito tiempo que lo llevaba disfrutando.

En el momento en que Lu Han le agradeció y le devolvió la escoba con una sonrisa, le hizo caer en cuenta del poquito tiempo que también le quedaba.


*


—¡Capitán prefecto! ¡Usted no ha visto nada! —farfulló Jongdae cuando se los toparon al regresar al colegio.

A su lado estaba Baekhyun, intentando de manera muy pobre tapar la bolsa que ambos acarreaban. Trataban por todos los medios verse inocentes y lograban justamente lo contrario. Lu Han suspiró y preguntó qué era lo que no estaba viendo. Le tomó un par de minutos poder sonsacarles la verdad, mientras Sehun los contemplaba tan confundido como entretenido.

—Nuestro pequeño paseo nocturno —contestó Jongdae al fin, con tono inofensivo—. Por el pasillo que va hacia los dormitorios de Slytherin.

Su amigo se giró a mirarlo con el ceño fruncido. El Golpeador se hundió de hombros, como si le dijera que no podía engañar a Lu Han. Baekhyun sacudió la cabeza con un poco de incredulidad, pero parecía que él tampoco podría mentir por mucho.

—Es probable que, después de cenar, el buscador se encuentre con sólo dos o tres hurones encima de su cama —explicó con una sonrisa deslumbrante, poco creíble—. Culpa de Peeves, por supuesto.

Sehun se rió por lo bajo. No iba a ser nada raro que Baekhyun pudiese engañar a Peeves para que se hiciera cargo de la jugarreta. Ni siquiera iba a necesitar mucha coerción, seguramente.

—¿Pero cómo van a entrar en las mazmorras de Slytherin? —preguntó Sehun, un poco desconcertado con ese detalle. Estiró ligeramente el cuello y avistó el contenido de la bolsa. Allí, definitivamente, no había sólo dos o tres tazas.

—Baekhyun conoce un modo de hacerlo —admitió Jongdae—. No es que vaya a usarlo, claro, Capitán Prefecto.

Lu Han volvió a suspirar.

—Sigan su camino... Lo único que estoy viendo es a dos chicos llevando tazas sucias a las cocinas —dijo con voz cansina. No mencionó el hecho de que ese corredor era el opuesto al de las cocinas.

Baekhyun y Jongdae no forzaron su suerte y solo exclamaron un par de agradecimientos antes de perderse de vista.

Él tuvo que admitir que Lu Han no había actuado nada mal. Todo lo contrario, había sido bastante genial. Siempre había escuchado que era tan bueno y justo, que nunca lo habría imaginado de él. Y eso era… bastante refrescante.

En la puerta del Gran Salón se toparon con Jongin, que los observaba preocupado. Incluso había estado pensando en ir a buscarlos.

—El preocupado soy yo —dijo Lu Han con un bufido—. Tu hermano y Baekhyun te tienen demasiado cariño como para quedarse tranquilos. —Jongin lo miró atónito, sin entender una sola palabra. Lu Han se negó a explicarle, alegando a que ya se enteraría mañana.

Sehun notó con algo de pesar que, una vez sentados en la mesa, los ojos de su amigo seguían fijos en Lu Han.


*


—Creo que entiendo el porqué te gusta —le susurró cerca del oído a Jongin.

No había sido a propósito; la pereza, la incertidumbre y el miedo le habían impedido alejarse. Era bien entrada la noche y hacía demasiado frío, así que ambos se habían tirado encima de su cama y se habían tapado con las frazadas hasta los ojos.

Jongin tembló, mas no se movió. Apenas y pudo abrir los ojos.

—¿Quién? ¿Lu Han? —cuestionó, adormilado—. No, no creo que entiendas.

—Créeme; entiendo —afirmó. Su voz sonó segura, estable, aunque por dentro se estaba deshaciendo en miedo.

—Oh.

—Sí, oh.



*


El silencio que siguió no fue nada confortable. Duró unos cuantos días y, aunque no era silencio per se, lo parecía. No había más que saludos obligatorios y “Debo estudiar”. Jongin incluso cambió de asiento en Pociones y Sehun se salteó Estudios Muggle. Había pocas cosas más fuertes que el silencio; las cosas que no decían. Miradas que se apartaban, burlas afiladas y puños apretados.

Los T.I.M.O y ÉXTASIS estaban cada vez más cerca y era más usual encontrar decenas de estudiantes en la biblioteca, encorvados sobre libros y pergaminos, mascullando hechizos y maldiciones.

Ellos acabaron en un rincón de ésta, con libros tapando sus rostros y Baekhyun mirándolos extrañado desde su butaca. Luhan y Yixing estaban delante, explicando combates mágicos y cómo aturdir a la gente.

—Muy bien, ¿qué pasa? —siseó Lu Han cuando decidieron que era hora de regresar.

Sehun se encogió de hombros.

—Supongo que somos como dos cazadores con la Quaffle delante y no sabemos qué hacer.

Lu Han arrugó el ceño y lo miró como si la respuesta era una obviedad.

—Son cazadores, ¿no? Entonces la toman.

El silencio se sentía completamente absoluto. No obstante, también se sentía el zumbido más y más fuerte de la Bludger.


*


Practicar a solas con Lu Han se sentía bien en varios niveles. El chico era agradable y hasta bromista, y más allá de su perfección, era bastante inofensivo. Hacía que su pecho se aligerara y se olvidara de lo demás. También se sentía mal; le recordaba a Jongin y a amistad manchada, a sabor amargo y a traición por omisión. Eso le producía un retortijón en sus entrañas.

—¿No lo han arreglado aún? —inquirió Lu Han—. Pensé que alguno cedería ya para este punto.

—¿Ceder? Somos cazadores, tú mismo dijiste que somos egoístas— le recordó. El otro empezó a sacudir la cabeza, inmediatamente.

—Pero, ¿Jongin no es un buscador? —cuestionó Yixing mientras empezaba a descender.

Atrás de él, lo siguió Lu Han mientras movía la cabeza en afirmación.

—Y los buscadores deben tener buena vista para atrapar algo tan chiquito y escurridizo como la Snitch. —dijo Lu Han—. Eso significa que él sabe elegir a sus amistades.

Sehun asintió cauteloso. En algo tenían razón, pensó mientras contemplaba a Lu Han. Jongin sí que tenía buena vista.

—Quizás son solo nervios —sugirió Yixing—. Los exámenes.

Eso esperaba.


*


A Lu Han no le interesaba ser profesional y jugar campeonatos en las grandes ligas. Eso le había contando en voz baja, mientras caminaban por los patios del colegio. Pero tampoco quería nada normal, en términos de magos. Ni una aburrida oficina en el Ministerio, ni ser un vendedor en el Callejón Diagon. Todavía le interesaba la gloria.

—Dejé escapar ese sueño hace un par de años, cuando tuve que enfrentarme a mis propios T.I.M.O —explicó—. Lo transformé en un sueño quizás un poco más factible de conseguir, pero no más fácil. Ya sabes, hay más que siete Aurores en todo el Ministerio. Y, ¿quién sabe?, quizás sea quien derrote al Innombrable y lo meta en Azkabán.

—Podrías engañarlo con tu carita de elfo. —Quiso aparentar que era una sugerencia, pero era una burla pura y directa.

Si se hubiese detenido a pensarlo bien, se habría dado cuenta de que habían alcanzado la fase de bromas y confesiones bastante rápido, en sólo unas cuantas caminatas de regreso al colegio.

—Yo no tengo carita de elfo —refunfuñó Lu Han mientras abría la puerta.

Oyeron una risita aguda y malvada pero la reconocieron un instante demasiado tarde. Un gran globo de agua cayó sobre sus cabezas y la risa se volvió todavía más fuerte y más malvada.

—¡Claro que sí! —gritó Peeves el poltergeist mientras se hacía visible. Tenía un pote en sus manos que se sacudía cuando se reía con todas sus fuerzas. Lu Han le gritó que se marchara, pero fue en vano. La mirada aguda y maquiavélica que les dirigió sólo significaba que recién estaba empezando—. Elfito y Escobita, sucios, traviesos, ¿qué estaban haciendo? —canturreó mientras metía la mano en le pote.

Fue difícil escaparse de la mermelada de moras que el poltergeist les tiró a manotazos. Peeves sí que lo disfrutaba, de manera casi sadista. Lograron esconderse detrás de una columna, pero ambos ya tenían mermelada por toda la ropa y en sus cabezas. El cabello de Lu Han ya no se veía de un rubio caramelo, sino que parecía un menjunje violáceo, como las pociones sanadoras que a Sehun siempre le salían mal.

Un elfo violáceo. No pudo evitar carcajearse por lo bajo.

—Si te sigues riendo, haré que te limpies en el lago —amenazó el otro chico—. Y que el calamar gigante te agarre y no te suelte.

—Vamos al baño de prefectos —pidió. Lu Han lo miró con una ceja alzada—. Tú eres uno. Y oí que no mucha gente va allí, menos ése —añadió y señaló vagamente a su espalda, donde supuso que el poltergeist seguía haciendo estragos.

Lu Han lo miró dubitativo pero al final asintió. Antes de doblar en el corredor hacia la derecha, volvieron a oír un canturreo teñido de risa y maldad.

¡Elfito y Escobita, sucios, traviesos, en el baño limpiándose a lametazos!

Y se repetía, una y otra vez.

Aunque rogaba que nadie lo escuchara, se preguntó cuántos lo habrían hecho ya para el día siguiente. Cuántos de esos habrían estado en los pasillos y cuántos en los salones. Cuántos hablarían de eso.

—Uno creería que después de siete años, aprenderías a tolerar a Peeves —farfulló Lu Han con el ceño fruncido, mientras abría la puerta del baño de prefectos. Tal y como le había contado Baekhyun, el sitio era espacioso y tranquilo, con cientos de grifos y ventanales de vidrios tintados.

—Hay fantasmas que están aquí desde que el castillo se construyó y ni ellos aguantan todo lo que hace —rebatió Sehun. Abrió un grifo del lavabo y empezó a salir agua clara a borbotones. Él podía jurar que también salían burbujas y que olía a claveles. Metió la cabeza debajo del chorro para limpiarse su perfil derecho y casi se perdió el susurro de Lu Han.

—No sé, sus canciones se han vuelto interesantes.

Abrió los ojos, sorprendido. Sin embargo, el otro chico ya tenía la cabeza metida debajo de otro chorro de agua.

Si Sehun forzaba la vista, podía adivinar su expresión risueña.


*


—Peeves sí que se las juega pesadas —comentó Chanyeol mientras los contemplaba estudiar en la biblioteca. Como buen estudiante de sexto, se dedicaba a contar sus experiencias a los de quinto y veía con algo de pavor cómo estudiaban los de séptimo—. Primero con esa jugarreta al de Slytherin, que bien se lo merecía igual. Y el otro día que se estuvo metiendo con unos tales “Elfito y Escobita”.

Jongin se tensó en su asiento. Luego dirigió su atención a Baekhyun y le pidió que le vuelva a explicar cómo transformar un hurón en una babosa. De un ser vivo a otro ser vivo, estados similares en teoría pero diferentes por completo. Diferentes exteriores, diferentes interiores.

Baekhyun los miró con ojos inquisitivos.

Sehun pensó en que, finalmente, podía transformar una estatuilla de madera en un hurón.


*


No tenían verdaderas excusas para regresar al baño de prefectos. Sehun insistió en que quería limpiarse, dejar atrás el olor a sudor por el de claveles, hasta que Lu Han accedió con una sonrisa burlona. Sonrisa que él reflejó cuando lo oyó repetir “Pompas jabonosas” para abrir la puerta.

—Pareciera que está abandonado a veces —comentó Sehun mientras miraba alrededor. Era muy tarde y la noche se hacía ver a través de los vidrios tintados, ensombreciendo zonas del lugar.

—Es que lo está. O algo por el estilo —afirmó Lu Han—. ¿Qué? —cuestionó con una ceja alzada, desafiante, al notar que Sehun lo observaba fijamente. La luz de la luna bañaba su torso desnudo y hacía que la palidez de su piel resplandeciera con delicadeza—. ¿No dijiste que querías limpiarte?

En el centro del baño había una bañera majestuosa al nivel del suelo, parecida a lo que Jongdae le había descrito como una piscina, y cientos de grifos de oro con incrustaciones de piedras preciosas. Lu Han abrió uno con un zafiro y un gran chorro de agua cristalina empezó a llenar la bañera. Algunas burbujas comenzaron a flotar en el aire y fueron acompañadas a los segundos por otras, más grandes y verdosas. Un aroma a claveles y menta inundó la habitación en una combinación insólita pero agradable.

Contempló a Lu Han metiéndose en la amplia bañera con velocidad y mejillas tenuemente arreboladas. Se cuestionó su propio pudor, si después de todo eran hombres y estaban en ropa interior. Además llevaba años viviendo en un castillo donde la privacidad era cuestionable, con tantos magos y fantasmas.

—Joonmyun contó hace algunas semanas que había una especie de bestia en este baño —le explicó Lu Han una vez se le unió en la bañera. El agua tibia relajaba su cuerpo y lo volvía más expuesto a las sensaciones. Al agua jabonosa, a los roces eventuales de piernas, a la voz baja y plácida de Lu Han—. En realidad, por allí atrás, si te fijas bien, hay arañazos.

Sehun se volteó para intentar ver algo, pero la luz de la luna creaba un juego laberíntico de sombras que convertía al otro lado de la habitación en una masa incierta, en la que no se distinguían plenamente a las columnas, los baños y los lavabos.

—No veo nada.

—Tendremos que probar otro día, entonces —musitó Lu Han. Sonaba decidido.

Se giró de nuevo y quedó prendado del modo en que la luz de la luna lo hacía brillar. Sus ojos, su piel, las burbujas a su alrededor. El chico debía ser en serio un híbrido de elfo y veela, porque todo sobre él parecía deslumbrante. Desde su cabello rubio, su nariz chiquita y la cicatriz de su labio. Era la primera vez que estaba tan cerca y podía notar esos detalles.

Aceptó con un movimiento quedo de cabeza y Lu Han sonrió.

Su sonrisa era lo más deslumbrante.

Sintió un roce en su espalda y el agua moverse en pequeñas oleadas a su alrededor. Tardó un segundo en darse cuenta de que era la mano de Lu Han, que frotaba sin mucha fuerza su columna baja. Al final, rodeó su cintura con su brazo y se apretó a su costado.

—Más te vale que, ya que nos arriesgamos a que la bestia me ataque, te limpies bien —lo amenazó en son de broma.

Sehun sonrió, mas sólo se quedó allí, con su propia mano aferrada a la de Lu Han, hasta que sus dedos se arrugaron y decidieron que era hora de irse.

Antes de que la puerta se cerrara por cimpleto, Sehun creyó ver una figura extraña en las sombras. Parecía una quimera pequeña, peluda, aunque con cuerpo de perro, garras lampiñas y huesudas, y ojos oscuros, casi humanos.


*


—¿Han oído de la bestia del baño de prefectos? —preguntó cuando estaban reunidos en la Sala Común, alrededor del fuego de la chimenea. Cada uno tenía su libro y estaban presumiblemente estudiando, pero él podía notar que nadie tenía su atención puesta en ello—. ¿Alguien la habrá visto?

—¿El rumor que esparció Kim Joonmyun? —inquirió Jongdae, sin muchos ánimos—. ¿Cómo saberlo? No soy prefecto; mi baño es el mismo que utiliza la mitad de Hogwarts.

—No —respondió Baekhyun—. ¿Tú sí?

Jongin ni siquiera lo miró más de un segundo.

—Solo preguntaba.

Todos regresaron a lo suyo en un silencio pesado. Le daba ganas de irse, de escaparse hacia algún sitio o con alguien con quien esté confortable, pero al mismo tiempo lo anclaba al sillón. Tras sonar las diez campanadas del Reloj de la Torre, poco a poco se fueron levantando y regresándose a sus habitaciones.

—¿Te has dado cuenta de que Lu Han ya no estudia más con nosotros? —dijo Jongin cuando se estaban colocando sus pijamas—. Pero sigue practicando contigo.

Estuvo tentando de sugerir que probablemente esté estudiando solo, o con Yixing, ya que los ÉXTASIS eran pronto. O que debían hacerlo, porque el partido contra Hufflepuff también era pronto y debían estar preparados. Sin embargo, se dio cuenta de que Jongin no había estado curioseando o indagando, había estado afirmando.

Una aseveración rotunda, que envolvía con ella otras más. Ya sea alguna como “No soy idiota” o, una más pesada, “Lo sé”.

Cuando abrió la boca para responder algo, lo que sea, Jongin ya estaba acostado. Y los doseles de su cama se agitaban suavemente, amenazando con cerrarse.


*


—¿Cómo te la hiciste? —preguntó, repentinamente interesado.

Estaban otra vez en el baño de prefectos, envueltos en el aroma dulzón de los claveles y la menta, y en el agua jabonosa. Lu Han tenía la cabeza recostada sobre su hombro, descansando. Las bolsas bajos sus ojos cerrados estaban muy oscuras en contraste con su piel blanca y, a la luz de la luna, pudo notar que estaba extenuado. Ésta también le dejaba ver otros detalles, como la longitud de sus pestañas, más oscuras que su cabello, la piel a punto de partirse de sus labios y la cicatriz.

Cuando Lu Han lo miró confundido, sólo pudo señalar con su dedo la fina línea blanca que cortaba su labio. En algún momento, acabó acariciándola con las yemas de los dedos.

—Mi primera Bludger —contó—. Me rompió la boca. A veces, cuando me río, todavía se me desencaja un poco la mandíbula —añadió y se negó varias veces cuando él le pidió que le mostrara—. Lo curioso es que la magia pudo reparar todos mis huesos, pero no esa cicatriz.

Sehun se planteó si acaso eso podía significar algo más.

Que todos en algún momento eran golpeados por Bludgers; que la magia, aunque poderosa, no siempre era la solución; que también había belleza en lo horrible.
No obstante, el único significado que en ese momento le importaba era el de la expresión de Lu Han cuando él continuó acariciando su cicatriz. Ojos entrecerrados, labios abiertos con suavidad y mejillas azoradas. No era vergüenza, era algo más primitivo, más humano.

Cuando Sehun retiró su mano, un suave quejido salió de los labios de Lu Han. Y ahí es cuando sus sospechas tomaron más fuerza; era anticipación.

Sin pensarlo mucho, lo tomó del cuello y lo obligó a alzar la cabeza. Entonces unió sus labios en un beso casi tan inexperto como los que había dado en tercer año, pero con más ansias y fogosidad. Lo besó con agresividad, como sólo sabía hacerlo, y después de unos segundos, Lu Han le respondió con una agresividad similar. Porque ambos eran así, valientes y agresivos. Se mordisqueaban de manera no muy suave los labios y rodeaban con sus brazos al otro, con fuerza.

Pero también eran medidos, así que cuando Sehun creyó oír un quejido diferente, se apartó del otro chico, preocupado.

Lu Han tenía los labios ahora sí partidos y sus ojos parecían nublosos, pero brillante a la luz de la luna. De verdad parecía una veela, cautivante e incitante.

—Te dejaré anotar por cada vez que me dejes besarte —bromeó. O intentó. Era difícil hacerlo cuando sus pechos se rozaban y el agua jabonosa no ayudaba a calmar su calor.

—Más te vale que me debas todo un partido —respondió Lu Han con un bufido y volvió a acortar la distancia.

Se besaron y se acariciaron sin salir de la bañera por un buen rato, aun si todo se sentía caliente, húmedo y acelerado. Sehun se aferró a Lu Han hasta clavarle las uñas en la espalda, como si tuviera miedo de que se escapara de sus manos y lo perdiera. Porque, aunque la forma en que Lu Han lamía su cuello le producía pequeños tirones en su vientre y se sentía vertiginoso, rápido; sus sentimientos se habían detenido, enclavados, en su pecho.

Más tarde, cuando se hicieron las diez, iniciaron su camino de regreso a la Sala Común.

—Me parece que la “gran bestia” del baño de prefectos es solo un cachorrito —comentó Lu Han—. Mañana avisaré al celador.


*


Durante la primera semana de exámenes, Sehun sólo habló con algunos compañeros de clase, puras quejas sobre lo que les habían pedido hacer y lamentos sobre lo no que habían recordado.

A Jongin no parecía estar yéndole muy mal, aunque no podía estar muy seguro. Lo veía sólo durante los exámenes. Al cabo de estos, Jongin se recluía en la biblioteca para prepararse para el examen del día siguiente.

Logró preguntarle recién después de terminar Defensa contra las Artes Oscuras.

—No soy tan mediocre como pensaba —le contestó, sincero pero hosco.

Cuando le contó a Lu Han ese sábado, durante un breve encuentro en la Sala Común, el chico no lo reflexionó mucho.

—Jongin es… especial. Siempre fue muy valiente y muy miedoso al mismo tiempo —explicó—. A veces parece que tiene miedo de soñar, pero no de luchar por ello. No es mediocre, es demasiado persistente para serlo. Solo se tiene que atrever a soñar.

A Sehun lo sorprendió el modo en que había analizado a su amigo. Lu Han mencionó que había sido su deber como capitán del equipo, interrumpiéndose a la mitad solo para bostezar. Sus ojeras eran grandes y las líneas de expresión de su rostro se marcaban más en cansancio.

Lo preocupaba.

—Es sólo por estas semanas — Lu Han intentó tranquilizarlo—. Tengo que superar las expectativas en los cinco ÉXTASIS principales para que me empiecen a entrenar como Auror. Cuando acaben los exámenes, descansaré por todo un día —prometió.

Al final de la segunda semana de exámenes, Sehun arrastró al otro chico al baño de prefectos con la idea de tomar un largo baño tibio y relajarse. Si había uno que otro beso, él no se quejaría.
Cuando se estaban acercando a la puerta, Sehun avistó una figura familiar. Piel bronceada por naturaleza y hombros anchos.

Al parecer, Jongin los estaba esperando.


*


Cuando Jongin, en segundo año, le ofreció por primera vez practicar un combate mágico, hubo hechizos tontos y risas al final. Piernas de gelatina, cosquillas descontroladas, levicorpus.

Cuando Jongin le apuntó con la varita, con la mandíbula tensa y el ceño fruncido, nadie mencionó nada de un combate, pero ambos lo sabían. Hubo hechizos más serios y rabia desatada. Chispas ardientes, aturdimientos, expelliarmus.

De alguna forma, Sehun sabía que había ganado, aun si el combate se suspendió cuando Lu Han intervino. Aun si el siseo de Jongin se sintió como el peor golpe de Bludger de su vida.

—Ni se te ocurra volver hablarme.

Los oídos no dejaban de zumbarle.



*



—Podríamos ir a las tumbas peruanas en las vacaciones. Juntos.

Sehun gruñó. Otra vez tumbas. Aunque supuso que con Lu Han no serían una tortura. Todo lo contrario, podría ser una aventura. Recorrer durante la mañana y disfrutar del sol veraniego, como estaban haciendo en ese momento, durante la tarde. Tirados a la orilla del lago Titicaca, comiendo Anticuchos y hablando de magia.

—Eso sí, a principios de julio —señaló Lu Han—. En agosto debo empezar el entrenamiento para Auror.

Sehun dejó escapar un gruñido pensativo y tiró una piedrita al lago; con suerte, molestaría al calamar gigante y lo obligaría a hacerse ver. Las palabras de Lu Han le hicieron recordar que el otro chico ya estaba a punto de graduarse, de marcharse del colegio para empezar su vida como mago adulto. Y que él se iba a quedar allí durante otros dos años más. Solo.

Cerró los ojos por un segundo, porque esa Bludger lo había dejado muy magullado y todavía le escocía, le escocía muchísimo. Dudaba que el dolor se fuera a extinguir pronto, si Jongin se seguía negando a siquiera mirarlo.

Se preguntó si alguna vez lo haría.

—¿Qué estás pensando? —le cuestionó Lu Han. Aun después de años, la pregunta le seguía siendo difícil de responder—. ¿Segundos pensamientos? ¿Dudas?

Sehun se encogió de hombros. No quería hacerle daño, tampoco quería mentirle.

Al parecer, Lu Han no necesitó una respuesta en voz alta. Se levantó y lo dejó solo a orillas del lago.

Él intentó evitar pensar con amargura que Lu Han se había escurrido de sus brazos con facilidad.


*


Era difícil tratar de apaciguar las heridas de Jongin sin lastimar a Lu Han, y cuidar de Lu Han sin abrir unas cuantas heridas más en Jongin.

Suerte mañana con la Snicht, escribió en un pedacito de pergamino en clases. Evitó por todas maneras poner que lo necesitarían, que era necesario para ganar, para que Lu Han se graduara invicto. Que extrañaba a su mejor amigo, que los doseles cerrados de su cama eran más que un muro de tela que atravesar.

—Púdrete —recibió como respuesta, con una ponzoña más potente que las que debían agregar a sus pociones—. A la hora de jugar, soy profesional.

Al final del día era Sehun quien se sentía todo el tiempo magullado. Y quizás lo tenía merecido; quizás lo entendía.

Había tenido la Quaffle delante de sus narices unas cuantas veces y las había aprovechado. Recibió el golpe de otras cuantas Bludgers a lo largo del partido y cuando se topó con la Snicht, no pudo evitar aferrarse a ella con besos y caricias, antes de que se le escapara de las manos.

Acaso allí estaba el problema, ¿no? Sehun no era un Buscador. Si esto fuera un partido, lo habrían echado por snichtnip.

No estaba seguro de si este año querría hacer un balance anual.


*


Con los nervios a flor de piel, esa mañana Sehun se sentó frente a Lu Han durante el desayuno. Comió solo algo de tostadas y mermelada porque el otro chico se lo ordenó con expresión hosca.

—No puedes jugar con el estómago vacío, Sehun —le reprochó.

—Perdón —contestó en un murmullo, aunque no justamente por el desayuno. Nunca fue bueno pidiendo disculpas, no había sido educado para ello. Pero si lo pensaba bien, en todos estos años, eran pocas las expectativas de sus padres que sí había cumplido; entrar a una buena casa y jugar en el equipo de Quiddicth de ella. Había renegado un poco de los estudios y la novia… no los sentía de su estilo, les faltaba algo. Quizás era agresividad, o algo similar—. No quiero que creas que yo no te… Es que…

Se interrumpió a sí mismo para intentar aclararse. Lu Han lo miraba desconcertado y con el ceño fruncido. No decía nada, lo esperaba, pero le exigía una respuesta.

—Jongin… —Creó su propia Quaffle para atrapar la Snicht y, en el proceso, acabó dándome con una Bludger. Suspiró. Parecía imposible explicarse con facilidad. Sin embargo, los ojos de Lu Han eran como dagas, fijos en los suyos, y le recordaba todavía más a este embrollo—. Él soñaba contigo, ¿sí? Y luego yo también, así que aproveché mi Quaffle, mi oportunidad. Ahora él se decidió a luchar… y yo estoy preocupado —admitió con pesar—. Porque tú mismo lo dijiste, Jongin es persistente.

El ceño de Lu Han se frunció aún más, arrugando toda su frente. El enfado se podía leer en cada centímetro de su rostro y se concentraba más que nada en sus ojos. El tono de voz que utilizó fue el más duro que alguna vez le escuchó en todo el tiempo que lo conocía.

—¿Me estás diciendo que están peleados por mí culpa? —inquirió—. No, espera, no es mi culpa. Es porque son un par de idiotas —dictaminó. Sehun tragó saliva, dolido—. Tienen suerte de que los aprecie a los dos, porque realmente son un par de idiotas.

—Lu Han…

—Mira, me siento un poco mal por Jongin y me siento un poco mal por ti. Pero no soy una maldita bola o trofeo de Quiddicht —siseó—. Tengo sentimientos, ¿sí? —afirmó con énfasis y lo repitió, por si no hubiese sido comprendido—. Si te dije de irnos juntos de vacaciones no es porque me has prestado tu Nimbus 1500. Es porque realmente me gustas, ¿entendido? —cuestionó. Su tono seguía siendo tan duro como su mirada. Le exigía una respuesta, aunque sea un gesto.

Asintió. Era extraño que lo estuvieran reprendiendo y, al mismo, se le estuviesen confesando con migajas de pan en las comisuras de los labios. Cuando Lu Han masculló un “idiota” mientras masticaba pan de sésamo, con mejillas llenas, Sehun no pudo evitar sonreír. En serio Lu Han parecía un elfo-veela; quizás más veela que elfo.


*


Antes de empezar el partido contra Hufflepuff, Lu Han los reunió en los vestidores para un discurso breve. Los felicitó por ser el mejor equipo con el que había jugado, recibiendo gritos de júbilo de Chanyeol, y les pidió que dieran su máximo esfuerzo y se divirtieran. Que claro que era importante ganar, pero que solo se podía lograr si todos jugaban en equipo y lo disfrutaban.

No era sólo el típico discurso previo a los partidos, de motivación. Era de despedida también, pero Lu Han no era el tipo de persona que era elocuente con su nostalgia. Más que nada si aún le quedaba para dar.

—Jongin, ¿luego tienes un minuto? Quiero hablar contigo —le pidió Lu Han, antes de salir al campo—. Y no sólo como Capitán.

Jongin asintió con hesitación.

Sehun sintió un poco de pena por él.


*


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Tags: balance anual, exo fanfic, p:hunhan, r: pg-13
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